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El laberinto del ukemi en el aikido

El arte del ukemi

Samurai en un laberinto

Creo que durante los 17 años que he estado practicando Aikido mi ukemi ha cambiado unas 10 veces o más.

Si bien esto es algo natural que va ocurriendo a medida que avanzamos en este hermoso arte y nuestra perspectiva del ataque (ukemi) se va modificando, agudizando, haciendo menos bruto y preciso, los cambios de los cuales hablo son conscientes, son preguntas que me he hecho sombre mi ukemi, son caminos que he decidido experimentar. Ser buen uke es un proceso largo y complejo.

Además tenemos que agregar la dificultad de que en Aikido los ataques y técnicas están acordadas de antemano entre ambos practicantes y que unos de los principios fundamentales del Aikido es la no resistencia, por lo que la situación que experimentamos como atacantes en el tatami es muy alejada de lo que ocurriría en un combate real.

Cuando nos dicen: « Ataca », al comienzo de este largo camino, lo que hacemos es tratar de impedir e inmovilizar a toda costa el movimiento de nage, despertando un estereotipo de ataque que tenemos en nuestra mente, estereotipo que hemos creado producto de nuestra experiencia, aprendizaje y modelos creados por la TV, el cine o tantas otras referencias que podría mencionar.

Cuando nacemos venimos limpios de todo esto, neutrales, aún no hemos recibido experiencias que nos han marcado, endurecidos y condicionado a responder como lo hacemos de adultos. El miedo, la ansiedad, la inseguridad van llenando ese disco duro vacío que traemos y lo va transformando en patrones de comportamientos que repetimos y repetimos instintivamente. Es así como llegamos cargados de información al tatami y que poco a poco vamos liberando (borrando), dejando espacio a otras formas de acción y pensamiento.

Reflexionaba con mis alumnos y les decía, el ukemi es como un laberinto, cada uno de ustedes tiene un laberinto en su interior, su trabajo es recorrerlo, encontrar su salidas y sus trabas. Si eligen un camino y al recorrerlo se dan cuenta que no tiene salida (se detuvo el movimiento, me puse rígido, me desconecté del nage, etc.) no sigan eligiendo el mismo camino, experimenten el de al lado. Si en su ataque fueron fuertes y rígidos, sean suaves y flexibles. Es así como vamos conociendo cuales caminos tienen salidas y cuales no, es así como crecemos y nuestro ukemi mejora.

Los maestros pueden enseñarnos como han solucionado sus laberintos, pero aunque nos muestren detalladamente el camino que recorrieron, son las salidas a sus propios laberintos.  A veces pueden parecerse y tener formas similares a los nuestros, la verdad, cada uno es dueño de un diseño distinto, con rincones, callejones y salidas distintas. Es trabajo de cada uno recorrer su propio laberinto y encontrar cuando uno topa o no con un callejón sin salida, es el momento de decidir si uno busca un camino distinto que nos guiará al exterior del problema.

Lo desafiante es que estos laberintos van cambiando a medida que practicamos. (su paredes se mueven y aparecen puertas que abren nuevas habitaciones antes no exploradas. Las salidas que conocíamos antes puede que ahora ya no nos lleven al lugar que deseamos, lo importante es probar cada uno de ellas y no chocar con la misma muralla una y otra vez.

 

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